miércoles, 27 de julio de 2016

Brever??as de amores


 

Amar al pr??jimo


Resistirse y resentirse se parecen mucho, si no pongo cuidado al escribir uno, me puede aparecer el otro verbo. Y en el fondo est??n pr??ximos no s??lo fon??ticamente. La resistencia siempre requiere esfuerzo y eso te hace resentirte. Pongo ejemplos: resistirse a la ola de xenofobias que nos invaden, resistirse a la tentaci??n de echar la culpa de la incertidumbre de este mundo globalizado a los dem??s, a ser posible 'los otros'. Lo bueno es que esa resistencia tiene premio: en lugar de resentirse, simplemente sentirse mejor con uno mismo, porque, estoy convencido, odiar al otro es odiarse m??s o menos inadvertidamente a uno mismo. ??Acaso el xen??fobo no se siente extra??o o el hom??fobo no siente la tentaci??n de no ser suficientemente masculino o heterosexual? En ese sentido es en el ??nico que acepto el mandato de amar al pr??jimo como a uno mismo, que si no me parecer??a inviable y hasta hip??crita. Es decir, amo al otro, porque me amo a m?? mismo. Segunda acepci??n ant??nima de resentirse, no volver a sentir lo malo, ausencia de resentimiento.

Lo peor en el amor  no son las hojas secas

Claro que el amor duele, si no no lo ser??a. Encontramos consuelo como pisamos hojas secas: o??mos su crujiente sonido, sin mirarlas detenidamente. As??, peor que seguir amando a alguien que ya no te ama es no haber amado nunca a nadie, o que nadie te haya amado a ti. Por este orden. Vivo con amor y sin obsesiones el amor ausente. Hojas ya secas. Crujen, son bonitas, duelen.



Amor a uno mismo

Nos podemos masturbar ???hay quien lo llamar?? ir??nicamente autoestima???, hacer el amor con uno mismo, pero en cambio no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos. Eso deber??a hacernos meditar sobre la mayor relevancia de las caricias y la risa frente a coitos o meras eyaculaciones.


El cristal con que mirar a las grandes parejas

Son sensaciones, pero creo que ajustadas a la realidad: me gust?? siempre m??s Hillary que Bob, hablo de los Clinton, pero tambi??n me gusta mucho m??s Michelle que Obama y en su d??a Carmen Romero que Felipe Gonz??lez (en este caso mucho m??s), y podr??a seguir con los ejemplos de parejas. Finalmente deduzco de todo ello que no es tan cierto que detr??s de cada gran hombre hay una gran mujer, que altruista y sacrificadamente le apoya, sino m??s bien que delante de cada gran mujer hay un hombre que se infla a su costa y la tapona, la oculta y la tapa. ??Parasitismo de g??nero o complicidad de pareja?



Misoginia cient??fica

Quiero decir machismo inadvertido, nada alevoso. El ??nico cr??neo del llamado hobbit de la isla de Flores, "El hombre de Flores", era de mujer. No pasa nada, o lo que pasa es que el gen??rico de nuestra especie es "El hombre", como el le??n o como la nutria.


Corazones grabados

El saca la navaja alardeando mientras ella inclina evaluadora la cabeza hacia su hombro y mira el proceso. En la blanda corteza del ??rbol, dentro de la vi??eta de un coraz??n con una flecha atravesada, graba ambasiniciales, a veces la fecha, tan caduca. Pero el ??rbol crece y crece, su parsimon??a es m??s longeva que el entusiasmo amoroso, y va ascendiendo el coraz??n hasta hacerse inalcanzable desde el suelo. ??Veis la met??fora?


Duelos en el parque


Estoy aguardando el d??a en que una se coloque en el centro y ellos caigan todos derrotados de amor. Es un cortejo y es una lucha incruenta. En el parquecito que hay debajo de mi balc??n se congregan los raperos. Creo que el hip hop les est?? llevando a la poes??a, si es que no est??n dentro de ella ya. Aparentan dureza y son hermosos. Establecen duelos como los versolaris vascos, se retan unos a otros como juglares extra??amente gesticulantes, descoyuntados. Con mi pinta actual de narco jubilado (me he dejado bigote y perilla en candado), estoy tentado de bajar ???tengo ensayados un par de movimientos??? y leerles en voz alta Poeta en Nueva York o Elogio de la sombra, para que comprueben lo modernos que eran sus tatarabuelos. Entonces llegan ellas, a??n m??s bellas y m??s duras, y el ruedo se convierte en una palestra de gallitos pavone??ndose, mostrando sus plumas. Ellas de momento no recitan, s??lo observan y aguardan, como yo. Ser??a torpe pensar que son pasivas. Ellas juzgan y deciden, eligen. Y a mi machismo blando, pero expectante y revocable, le parece justo.




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