Estoy tendido bocarriba al pie del Nevado de Sajama de 6.542 metros sobre el nivel del mar. Yo estoy mil metros m??s abajo, sobre el acolchado de gram??neas de iru-ichu, salpicado de arbustos de Thola, Qhisuara y Keniua. No pretendo ser esnobista, pero los cielos nocturnos de los altiplanos del hemisferio Sur son incomparables con los m??os natales. Para empezar hay much??simas menos poblaciones, pr??cticamente ninguna en muchos kil??metros a la redonda, mucha m??s soledad y ninguna luz humana, salvo la de las hogueras, contamina las de arriba. En segundo lugar, porque la atm??sfera a esas alturas es m??s tenue y las estrellas casi no titilan, sino que semejan luces fijas tras un tel??n negro agujereado. Finalmente, porque hay muchas m??s. Vemos la V??a L??ctea como algo ajeno, como la Luna o el Sol, pero estamos en el interior de esa nuestra galaxia, en uno de los extremos de sus brazos en espiral, y debido al eje inclinado de la Tierra en el Hemisferio Norte vemos una parte de esa galaxia menos poblada de estrellas que en la Sur que est?? enfocando, precisamente, al denso centro de la misma, mientras en el hemisferio norte mira a uno de sus extremos menos densos. Por ese motivo, si se me permite decirlo, los cielos estrellados de mis tierras de origen son bastante m??s sosos que el de mis incursiones meridionales. Nuestra galaxia no es de las m??s grandes, ???s??lo??? se tardar??a unas decenas de miles de a??os en atravesarla de parte a parte a la velocidad de la luz y ???s??lo??? contiene 300.000 millones de estrellas. La m??s pr??xima a nosotros es Andr??meda que cuenta con un bill??n de estrellas. El primero que la vio, hace m??s de mil a??os, fue un astr??nomo persa, Abd Al-Rahman Al Sufi, m??s conocido como Al Sufi, uno de los mejores astr??nomos de la edad de oro de Bagdad, que describi?? el n??cleo central de Andr??meda como una vaga nube de luz sin saber que era una galaxia, sin saber qu?? son las galaxias. Eso no se sabr??a hasta mil a??os m??s tarde, cuando el astr??nomo estonio Ernst ??pik y el estadounidense Edwin Hubble las describieron como agrupaciones de estrellas en 1920. Sobre todo constataron los grandes espacios vac??os que hab??a entre ellas, lo mismo que un ni??o necesita descubrir las sombras para saber qu?? es la luz. Otros antes las hab??an intuido, como el fil??sofo Kant (la filosof??a no proporciona certezas, para eso est?? la bastarda literatura de autoayuda, sino intuiciones) y a??n antes el matem??tico ingl??s del siglo XVII, contempor??neo de Shakespeare, Thomas Wright. Andr??meda y V??a L??ctea giran una en torno a la otra, porque todas las galaxias est??n inmersas en un ballet c??smico, decenas, cientos, miles, millones, cientos de millones de galaxias. Es pavoroso imaginarlo. En realidad, La V??a L??ctea y Andr??meda se precipitan una hacia la otra a una velocidad de 100 kil??metros por segundo. Dentro de 4.000 millones de a??os colisionar??n. Bueno, las galaxias son tan enormes y difusas, con tanto espacio entre sus estrellas que no ser?? como el choque de dos planetas s??lidos, habr?? a??n cierto riesgo, pero no mucho. Habr?? que esperar otros mil millones m??s para que nuestro Sol consuma casi todo su combustible termonuclear, se convierta en una enana roja y finalmente se expanda en explosi??n destruyendo nuestro planeta. Mucho antes de eso, el monje cat??lico italiano, Giordano Bruno, muri?? en su propia hoguera por atreverse a afirmar que hab??a muchos otros Soles e incontables Tierras que orbitaban alrededor de su propio Sol. Teniendo en cuenta que las se??ales de los tel??fonos m??viles se desplazan a la velocidad de la luz, me gustar??a hacer una llamada telef??nica a la galaxia Andr??meda, a ver si entre su bill??n de estrellas hay alguien con otro aparato similar contemplando el cielo estrellado, igual que yo. Pero mi llamada tardar??a dos millones y medio de a??os en llegar a mi improbable interlocutor y otro tanto para llegarme a m?? su respuesta. ??Est?? alguien ah??? Estoy sintiendo el v??rtigo de la soledad m??s extrema y m??s que peque??o, me siento muy solo, hasta que oigo el 'orgling' de una vicu??a. Ning??n dios fue nunca capaz de imaginar todo esto, as?? que ning??n Dios, l??gicamente, pudo crearlo.


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