Ian Fleming el inventor de James Bond oculto tras el ??xito de las interminables y tediosas pel??culas, ten??a un hermano mayor a??n m??s ignorado que tambi??n escrib??a. Peter Fleming fue compa??ero de viaje por Asia de Ella Maillart, la autora del maravilloso La ruta cruel que es relevante leer para entender el Afganist??n de ahora, que es el de aquellos comienzos del siglo pasado. El caso es que el hermano Peter, que era diplom??tico como esp??a el otro, cuenta en un libro los famosos 55 d??as en Pek??n con la revuelta de los b??xers contra las legaciones occidentales. Pero entre tanta muerte, destrucci??n y heroicos combates y resistencias, a m?? me emocion?? especialmente ese orientalista occidental, austriaco creo, que lloraba desconsoladamente cuando el fuego destruy?? por completo la Enciclopedia de los Ming, el ??nico ejemplar completo (hoy s??lo se conservan escasos fragmentos, como los de las ense??anzas de Epicuro) del Yung Lo Ta Tien, del siglo XV. Borges no me consta que hablara de ellas, pero habr??a hecho sus delicias porque compilaba todos los saberes del mundo, imagino que desde la mec??nica cu??ntica, avant la lettre, hasta la clasificaci??n de los cop??podos dulceacu??colas o las cien posturas distintas del coito entre hombres y mujeres. Ese sin??logo desconocido del que Fleming no da el nombre llor?? desconsoladamente ante la desaparici??n de esos prodiosos once mil vol??menes y esos vastos veintitr??s mil cap??tulos con millones de ideogramas manuscritos convertidos en humo y en mariposas volanderas de pavesas flotantes por la mala suerte de que la biblioteca imperial estuviera pared con pared con la aviesa legaci??n brit??nica que bien merecido ten??a el fuego. Se borraba el legado de los sabios antiguos, pero no se borr?? el dominio ingl??s. El sabio lloroso clamaba a un dios desconocido para que aniquilase a los europeos invasores, Charlton Heston el primero, y tambi??n a los chinos incendiarios, sus ojos llorando por la rabia tanto como por el humo. Aparte de aquel sin??logo desconocido nadie m??s llor?? por esa enciclopedia destruida, otra v??ctima, pero no una m??s, de las v??ctimas de guerra, de las v??ctimas del expolio econ??mico occidental y de los imperios recalcitrantes.
Peter Fleming:
Monta??as perfectas
Si el bosque es en realidad el que no deja ver los ??rboles, y no al rev??s, las cordilleras son el verdadero incordio para contemplar las monta??as. Hablo, claro, de las monta??as perfectas, las que se elevan solitarias en mitad de la llanura, las que se mofan del llano a sus pies adorn??ndose con las altas nubes y las nieves perpetuas. Hablo, claro, del Kilimanjaro y del Fuji, pero hablo tambi??n del monte Davanand presidiendo el valle feliz de Lahr, un alto y ??rido valle por el que fluyen las aguas de las cumbres m??s altas de Ir??n. Ese monte coronando la blanca nieve el basalto negro es la otra monta??a perfecta a la que no estorba ninguna cordillera, sobrepasando sus casi seis mil metros, haciendo compa????a en triada perfecta al Fuji y al Kilimanjaro, pero menos pintada y fotografiada, as?? que hay que leer a Annemarie Schwarzenbach y su El valle feliz y Muerte en Persia.




Hola, encontré tu blog a partir de una búsqueda del libro de Peter Fleming el cuál es citado por Mathias Enard en su libro "Brújula". Enard cuenta los mismos hechos que ud. y me dio una curiosidad tremenda leer el libro de Fleming.
ResponderEliminarTendrá el título sobre los 55 días de sitio de Pekin? podría recomendar otros libros de viajeros como el de Annemarie Schwaezenbach?
Saludos.