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La conservaci??n de la naturaleza es una buena causa, es m??s: es una de las grandes causas, como la defensa de los derechos humanos o la lucha contra la pobreza. El marco general es inapelable tambi??n: defender los ??ltimos reductos naturales y las especies que contienen de su desaparici??n por la ??vida acci??n transformadora de los numerosos humanos. Y sin embargo, esta causa est?? llena de malentendidos, de errores, de pifias, a menudo perjudiciales. Para empezar, como he se??alado numerosas veces, ??qu?? entendemos por naturaleza?; parece obvio que un territorio bien conservado, pero podr??amos seguir prolongando la pregunta sobre qu?? es "bien conservado". Los paisajes de monta??a europeos que abarcan un porcentaje importante de los espacios protegidos por su ???naturaleza???, son resultado parad??jico de la acci??n humana, en concreto de la secular interacci??n de esas monta??as y el hombre con sus ganados.
En el caso espa??ol, que conozco mejor que la mayor??a, lo cual no es decir mucho, los deseos de los conservacionistas se remiten a regresar a una falseada foto fija de las d??cadas centrales del siglo pasado cuando todav??a exist??a una numerosa poblaci??n campesina y la avidez urban??stica no se hab??a llevado por delante con una marea de cemento nuestras costas y monta??as bajas. Suprimir al hombre de este marco, empezando por llamar ???naturaleza??? al campo, es condenarse a no entender mucho de lo que pas?? y sigue pasando. Regresar al territorio de los a??os cincuenta adem??s de inviable es absurdo. Hoy consideramos, por poner un ejemplo emblem??tico, al oso un elemento natural representativo de esos esfuerzos de conservaci??n. Pues bien, el oso habita hoy por hoy las zonas humanizadas, es decir, los mejores valles oseros no son los m??s agrestes sino los que mantienen una poblaci??n humana apegada a tradiciones campesinas anteriores, con huertas, colmenas y ??rboles frutales. Y ni siquiera ha sido un animal t??pico de monta??a, como el rebeco o la cabra mont??s, sino un refugiado, y las cr??nicas de tiempos pasados, como El Libro de la Monter??a, lo situaban en todas las llanuras de la Pen??nsula. Igualmente, el odio a las especies introducidas niega el principio biogeogr??fico de la movilidad de todas las especies, aunque esa movilidad la cause el hombre y en la mayor??a de los casos no est?? demostrado que sean perjudiciales para otras especies aut??ctonas (que simplemente llegaron antes), sino al contrario. Una suerte de xenofobia extendida al reino animal y vegetal.
Demasiado a menudo la Conservaci??n, que invoca la ciencia como principio de autoridad, usa mal esa ciencia. Es como si tras descubrirse que un gen frena el alzh??imer en ratones consider??semos no que hay que aislar ese gen en humanos, sino que hay que usar ratones como interlocutores en nuestra convivencia en lugar de humanos. O, como es el caso, si es un virus con un gen a??adido, deber??amos infectarnos con virus para no sufrir degeneraciones neurales. Por otra parte, aunque la ecolog??a, la ciencia de referencia en la Conservaci??n, establece principios generales, estos no son recetas de aplicaci??n universal, sino que cada caso es distinto y en ese sentido la ecolog??a es una ciencia escasamente exportable, que nos ofrece un marco general donde organizar los datos concretos de cada lugar.espec??fico.
En cierto modo la Conservaci??n de la naturaleza es como las religiones, en teor??a confortan y ofrecen un consuelo y un marco social, pero al entrar en detalles vemos que muchas veces son responsables de enfrentamientos colectivos y alienaciones personales. De hecho, la conservaci??n de la naturaleza es una religi??n y como toda religi??n mantiene una irracionalidad b??sica basada en creencias, no en hechos constatables. Eso, por un lado; por otro, hace abstracci??n con esos principios generales de las desigualdades y particularidades de los diversos territorios del planeta. Las cabras, por ejemplo, demonizadas en su d??a como enemigas del bosque, son ??tiles en cierta dosis en el ??mbito mediterr??neo, pero son terribles en los tr??picos, as?? todo. La conservaci??n debe dejar de ser una religi??n para pasar a ser una ciencia aplicada a la mejor gesti??n del territorio en beneficio de las dem??s especies que comparten con nosotros el Planeta y en primer lugar de nosotros mismos.
Para Roc??o
La conservaci??n de la naturaleza es una buena causa, es m??s: es una de las grandes causas, como la defensa de los derechos humanos o la lucha contra la pobreza. El marco general es inapelable tambi??n: defender los ??ltimos reductos naturales y las especies que contienen de su desaparici??n por la ??vida acci??n transformadora de los numerosos humanos. Y sin embargo, esta causa est?? llena de malentendidos, de errores, de pifias, a menudo perjudiciales. Para empezar, como he se??alado numerosas veces, ??qu?? entendemos por naturaleza?; parece obvio que un territorio bien conservado, pero podr??amos seguir prolongando la pregunta sobre qu?? es "bien conservado". Los paisajes de monta??a europeos que abarcan un porcentaje importante de los espacios protegidos por su ???naturaleza???, son resultado parad??jico de la acci??n humana, en concreto de la secular interacci??n de esas monta??as y el hombre con sus ganados.
En el caso espa??ol, que conozco mejor que la mayor??a, lo cual no es decir mucho, los deseos de los conservacionistas se remiten a regresar a una falseada foto fija de las d??cadas centrales del siglo pasado cuando todav??a exist??a una numerosa poblaci??n campesina y la avidez urban??stica no se hab??a llevado por delante con una marea de cemento nuestras costas y monta??as bajas. Suprimir al hombre de este marco, empezando por llamar ???naturaleza??? al campo, es condenarse a no entender mucho de lo que pas?? y sigue pasando. Regresar al territorio de los a??os cincuenta adem??s de inviable es absurdo. Hoy consideramos, por poner un ejemplo emblem??tico, al oso un elemento natural representativo de esos esfuerzos de conservaci??n. Pues bien, el oso habita hoy por hoy las zonas humanizadas, es decir, los mejores valles oseros no son los m??s agrestes sino los que mantienen una poblaci??n humana apegada a tradiciones campesinas anteriores, con huertas, colmenas y ??rboles frutales. Y ni siquiera ha sido un animal t??pico de monta??a, como el rebeco o la cabra mont??s, sino un refugiado, y las cr??nicas de tiempos pasados, como El Libro de la Monter??a, lo situaban en todas las llanuras de la Pen??nsula. Igualmente, el odio a las especies introducidas niega el principio biogeogr??fico de la movilidad de todas las especies, aunque esa movilidad la cause el hombre y en la mayor??a de los casos no est?? demostrado que sean perjudiciales para otras especies aut??ctonas (que simplemente llegaron antes), sino al contrario. Una suerte de xenofobia extendida al reino animal y vegetal.
Demasiado a menudo la Conservaci??n, que invoca la ciencia como principio de autoridad, usa mal esa ciencia. Es como si tras descubrirse que un gen frena el alzh??imer en ratones consider??semos no que hay que aislar ese gen en humanos, sino que hay que usar ratones como interlocutores en nuestra convivencia en lugar de humanos. O, como es el caso, si es un virus con un gen a??adido, deber??amos infectarnos con virus para no sufrir degeneraciones neurales. Por otra parte, aunque la ecolog??a, la ciencia de referencia en la Conservaci??n, establece principios generales, estos no son recetas de aplicaci??n universal, sino que cada caso es distinto y en ese sentido la ecolog??a es una ciencia escasamente exportable, que nos ofrece un marco general donde organizar los datos concretos de cada lugar.espec??fico.
En cierto modo la Conservaci??n de la naturaleza es como las religiones, en teor??a confortan y ofrecen un consuelo y un marco social, pero al entrar en detalles vemos que muchas veces son responsables de enfrentamientos colectivos y alienaciones personales. De hecho, la conservaci??n de la naturaleza es una religi??n y como toda religi??n mantiene una irracionalidad b??sica basada en creencias, no en hechos constatables. Eso, por un lado; por otro, hace abstracci??n con esos principios generales de las desigualdades y particularidades de los diversos territorios del planeta. Las cabras, por ejemplo, demonizadas en su d??a como enemigas del bosque, son ??tiles en cierta dosis en el ??mbito mediterr??neo, pero son terribles en los tr??picos, as?? todo. La conservaci??n debe dejar de ser una religi??n para pasar a ser una ciencia aplicada a la mejor gesti??n del territorio en beneficio de las dem??s especies que comparten con nosotros el Planeta y en primer lugar de nosotros mismos.
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