Para Miroslav y Vanbrugh, con afecto
Miroslav sin saberlo me ha mandado a mi casa de Gredos, donde tengo la mayor??a de mi biblioteca. Tambi??n es verdad que ten??a que mandar arreglar la caldera de la calefacci??n y el agua caliente, pero entre discusiones con el fontanero y el alba??il y aguantar la cl??sica pregunta de si me he le??do todos estos libros ("claro que s??, sino sabr??a arreglar una caldera") he podido revolver a conciencia y refrescar lecturas. Este es el resultado.
Podemos considerar el relato La m??quina del tiempo de H.G. Wells la primera incursi??n del tema del viajero en el tiempo en la literatura, aunque las hubo anteriores, como la del propio Wells (en una primera versi??n el protagonista se llamaba Doctor Nebogipfel, en la definitiva no ten??a nombre) o la de E.P. Mitchell, redactor del Sun de Nueva York, siete a??os anterior a la del joven Wells. La argumentaci??n de Wells era muy einsteniana: el tiempo era una cuarta dimensi??n y en ese ???cubo??? tetradimensional e ???inalterable??? nosotros vemos en cada instante una secci??n transversal con la misma dimensi??n de anchura, altura, longitud y duraci??n. ???No existe diferencia entre el Tiempo y cualquiera de las otras tres dimensiones???, dice el viajero del Tiempo. En un cuento de Asimov, El fin de la eternidad, los Eternos pueden contemplar la historia humana observando a una persona desde el exterior de nuestro espacio-tiempo, al igual que lo hacen los tralfamadorios en Matadero 5 de Kurt Vonnegut. En esos casos, ver??amos de una sola vez el pasado, el presente y el futuro de esa persona, exactamente lo mismo que en nuestro habitual espacio tridimensional vemos la l??nea cambiante y los movimientos unidimensionales que efect??a en el espacio una columna de mercurio de un term??metro.
Uno puede suponer, apresuradamente como veremos, que Wells estaba al tanto con la obra de Hermann Minkowski para poner orden en la teor??a especial de la relatividad de Einstein. La l??nea a trav??s de la cual repta y se arrastran nuestra conciencia y discurre nuestra vida, la que describe nuestros movimientos en un mundo tridimensional trazando una gr??fica en el espacio-tiempo tetradimensional de Minkowski (Y My World Line: Mi l??nea del mundo es el t??tulo de la autobiograf??a del gran George Gamow, cosm??logo y divulgador autor de la s??ntesis por fisi??n nuclear de los elementos pesados a partir de los ligeros en el interior del n??cleo de las estrellas). Sin embargo, aqu?? surge un inesperado problema con la flecha del tiempo de nuestra cronolog??a, y es que Einstein public?? sus primeros art??culos sobre la relatividad m??s de diez a??os despu??s de la versi??n definitiva del relato de Wells. Un dilema po??tico, o un caso del famoso aforismo-boutade de que la naturaleza (Einstein) imita al arte (Wells).
Sabemos que cuando Wells escribi?? su relato todo lo relativo al Viajero del Tempo le parec??a poco m??s que palabrer??a metaf??sica destinada a hacer m??s plausible su fant??stico cuento. Decenios m??s tarde, los f??sicos tomaban tal palabrer??a bastante en serio. Las ecuaciones de Einstein barrieron de la f??sica la noci??n de un tiempo c??smico absoluto, donde pudiera darse una simultaneidad entre acontecimientos distantes. Hoy sabemos que si un astronauta hiciese un viaje de ida y vuelta hasta una estrella distante, movi??ndose a velocidad pr??xima a la de la luz, podr??a penetrar miles de a??os en el futuro de la Tierra. Kurt G??del, que puso patas arriba la l??gica matem??tica como hizo Einstein con la f??sica newtoniana, construy?? un modelo cosmol??gico giratorio (experimento mental, si prefer??s) en el cual ser??a posible viajar no s??lo hasta cualquier punto del futuro del mundo (que es lo que ahora mismo hacemos m??s lentamente), sino tambi??n al pasado, si bien el viaje al pasado es descartado por todos los f??sicos como imposible. Para acabar este apresurado repaso cient??fico y literario, el gran Richard Feynman, probablemente el f??sico m??s prodigioso junto a Einstein, Planck y Bohr, recibi?? el premio Nobel por el an??lisis espacio-temporal de la mec??nica cu??ntica, en el cual las antipart??culas de la antimateria son consideradas como part??culas que penetran moment??neamente en el pasado. Y aqu?? dejamos chiquitas las elucubraciones de ese otro matem??tico Lewis Carrol con su Alicia en mundo de las maravillas y sobre todo de su segunda parte: Alicia a trav??s del espejo, y es que estos f??sicos no respetan nada y se empe??an en poner patas arriba lo que los humanos m??s sensatos pero menos geniales percibimos por nuestros enga??osos o al menos limitados sentidos.
Hoy las historias de ciencia ficci??n sobre viajes en el tiempo son innumerables, imposible repasarlas todas pues forman un subg??nero por derecho propio. Las mejores suscitan cuestiones sobre el espacio, el tiempo y la causalidad tan amenas como profundas. Por ejemplo, yo he retrocedido (en mi relato) al mes pasado y me he disparado un tiro en la cabeza. S?? antes de empezar el viaje que nada as?? ha podido suceder, sino que, suponiendo que yo de alg??n modo pudiera asesinar a mi yo anterior (y a veces me entran ganas, no cre??is), ??c??mo podr??a existir el mes siguiente para hacer el viaje? Hay un cuento de Frederic Brown, First Time Machine, en el que el doctor Grainger est?? mostrando la m??quina a tres de sus amigos, uno de ello, aprovechando una distracci??n de los otros, se vale del artilugio para viajar sesenta a??os antes y asesinar a su odiado abuelo. El cuento acaba sesenta a??os m??s tarde con el Doctor Grainger mostrando su m??quina a dos amigos. Como yo le muestro m??s modestamente este post a otros dos, pero??? ??hubo antes de comenzar a escribir esto acaso tres?
Podemos considerar el relato La m??quina del tiempo de H.G. Wells la primera incursi??n del tema del viajero en el tiempo en la literatura, aunque las hubo anteriores, como la del propio Wells (en una primera versi??n el protagonista se llamaba Doctor Nebogipfel, en la definitiva no ten??a nombre) o la de E.P. Mitchell, redactor del Sun de Nueva York, siete a??os anterior a la del joven Wells. La argumentaci??n de Wells era muy einsteniana: el tiempo era una cuarta dimensi??n y en ese ???cubo??? tetradimensional e ???inalterable??? nosotros vemos en cada instante una secci??n transversal con la misma dimensi??n de anchura, altura, longitud y duraci??n. ???No existe diferencia entre el Tiempo y cualquiera de las otras tres dimensiones???, dice el viajero del Tiempo. En un cuento de Asimov, El fin de la eternidad, los Eternos pueden contemplar la historia humana observando a una persona desde el exterior de nuestro espacio-tiempo, al igual que lo hacen los tralfamadorios en Matadero 5 de Kurt Vonnegut. En esos casos, ver??amos de una sola vez el pasado, el presente y el futuro de esa persona, exactamente lo mismo que en nuestro habitual espacio tridimensional vemos la l??nea cambiante y los movimientos unidimensionales que efect??a en el espacio una columna de mercurio de un term??metro.
Uno puede suponer, apresuradamente como veremos, que Wells estaba al tanto con la obra de Hermann Minkowski para poner orden en la teor??a especial de la relatividad de Einstein. La l??nea a trav??s de la cual repta y se arrastran nuestra conciencia y discurre nuestra vida, la que describe nuestros movimientos en un mundo tridimensional trazando una gr??fica en el espacio-tiempo tetradimensional de Minkowski (Y My World Line: Mi l??nea del mundo es el t??tulo de la autobiograf??a del gran George Gamow, cosm??logo y divulgador autor de la s??ntesis por fisi??n nuclear de los elementos pesados a partir de los ligeros en el interior del n??cleo de las estrellas). Sin embargo, aqu?? surge un inesperado problema con la flecha del tiempo de nuestra cronolog??a, y es que Einstein public?? sus primeros art??culos sobre la relatividad m??s de diez a??os despu??s de la versi??n definitiva del relato de Wells. Un dilema po??tico, o un caso del famoso aforismo-boutade de que la naturaleza (Einstein) imita al arte (Wells).
Sabemos que cuando Wells escribi?? su relato todo lo relativo al Viajero del Tempo le parec??a poco m??s que palabrer??a metaf??sica destinada a hacer m??s plausible su fant??stico cuento. Decenios m??s tarde, los f??sicos tomaban tal palabrer??a bastante en serio. Las ecuaciones de Einstein barrieron de la f??sica la noci??n de un tiempo c??smico absoluto, donde pudiera darse una simultaneidad entre acontecimientos distantes. Hoy sabemos que si un astronauta hiciese un viaje de ida y vuelta hasta una estrella distante, movi??ndose a velocidad pr??xima a la de la luz, podr??a penetrar miles de a??os en el futuro de la Tierra. Kurt G??del, que puso patas arriba la l??gica matem??tica como hizo Einstein con la f??sica newtoniana, construy?? un modelo cosmol??gico giratorio (experimento mental, si prefer??s) en el cual ser??a posible viajar no s??lo hasta cualquier punto del futuro del mundo (que es lo que ahora mismo hacemos m??s lentamente), sino tambi??n al pasado, si bien el viaje al pasado es descartado por todos los f??sicos como imposible. Para acabar este apresurado repaso cient??fico y literario, el gran Richard Feynman, probablemente el f??sico m??s prodigioso junto a Einstein, Planck y Bohr, recibi?? el premio Nobel por el an??lisis espacio-temporal de la mec??nica cu??ntica, en el cual las antipart??culas de la antimateria son consideradas como part??culas que penetran moment??neamente en el pasado. Y aqu?? dejamos chiquitas las elucubraciones de ese otro matem??tico Lewis Carrol con su Alicia en mundo de las maravillas y sobre todo de su segunda parte: Alicia a trav??s del espejo, y es que estos f??sicos no respetan nada y se empe??an en poner patas arriba lo que los humanos m??s sensatos pero menos geniales percibimos por nuestros enga??osos o al menos limitados sentidos.
Hoy las historias de ciencia ficci??n sobre viajes en el tiempo son innumerables, imposible repasarlas todas pues forman un subg??nero por derecho propio. Las mejores suscitan cuestiones sobre el espacio, el tiempo y la causalidad tan amenas como profundas. Por ejemplo, yo he retrocedido (en mi relato) al mes pasado y me he disparado un tiro en la cabeza. S?? antes de empezar el viaje que nada as?? ha podido suceder, sino que, suponiendo que yo de alg??n modo pudiera asesinar a mi yo anterior (y a veces me entran ganas, no cre??is), ??c??mo podr??a existir el mes siguiente para hacer el viaje? Hay un cuento de Frederic Brown, First Time Machine, en el que el doctor Grainger est?? mostrando la m??quina a tres de sus amigos, uno de ello, aprovechando una distracci??n de los otros, se vale del artilugio para viajar sesenta a??os antes y asesinar a su odiado abuelo. El cuento acaba sesenta a??os m??s tarde con el Doctor Grainger mostrando su m??quina a dos amigos. Como yo le muestro m??s modestamente este post a otros dos, pero??? ??hubo antes de comenzar a escribir esto acaso tres?

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