Todos los humanos a partir de cierta edad tenemos una banda sonora. La m??a probablemente la forman Bach, Miles Davies, Charlie Parker, los Beatles y ciertos cantos de aves silvestres y de grillos, aunque habr??a fragmentos de much??simos m??s. Lo que quiero decir es que hay muchas personas que no prestan atenci??n a la pintura o a la arquitectura, pero todos absolutamente todos tenemos preferencias musicales, aunque para otros esas preferencias sean horrendas (bacalao, Manolo Escobar, Julio Iglesias, en mi caso). La percusi??n es f??cil de conseguir para buscar un ritmo, pero se han encontrado delicad??simas flautas, por ejemplo delicado de hueso de buitre, del Paleol??tico. Y la voz humana, claro; hay antrop??logos que piensan que las canciones son anteriores al habla, la primera forma de comunicaci??n, como en los p??jaros.
El gran San Agust??n, ese genial pecador arrepentido inventor de todo un g??nero literario, tiene un tratado de m??sica con el que me tropec?? por casualidad. En ese tratado did??ctico se pregunta cu??l es el principio y la substancia de esta 'ciencia' tan evanescente. ??Es "el arte del movimiento ordenado?"; ??es la ciencia modular, es decir, de 'mover bien' el sonido?, eso que los cl??sicos griegos llamaban 'metabole' (de ah?? viene 'metabolismo'). M??s tarde Agust??n dice que el alma busca en los sonidos "igualdad y semejanza". La propiciadora del encuentro interior de cada uno. Una concepci??n de la m??sica como espejo de los actos y el sentir humanos, de un estar en la Tierra.
Volviendo a mi primer p??rrafo, creo que tuvo un primer cometido como elemento de comunicaci??n, como instrumento imitativo de la naturaleza, como generador de un lenguaje asociado inconscientemente a ritmos matem??ticos (Pit??goras), como revelador de una idea del m??s all??.
Pero primero, l??gicamente, fue el sonido, antes de su organizaci??n, y por tanto, el o??do, junto al tacto el ??nico sentido operante en la vida intrauterina, el conformador de nuestra primera conciencia, el tic-tac del coraz??n materno. Luego nos volvemos muy predominantemente visuales, como el resto de los monos, pero oir -el viento, unos pasos, el desgajarse de una rama- sigue siendo, escuchar, presentir y, por tanto, pensar, anticipar. Nietzsche se??al?? sagazmente que el o??do es el ??rgano del miedo, la fuente de la imaginaci??n y de las tinieblas interiores. Lo que da miedo fundamentalmente en una peli de terror es la banda sonora, m??s que la imagen a la que se anticipa. La mirada, la vista, incluso ante una imagen in??dita, mira y ve, pero es el o??do el que goza de la capacidad primordial de captar mundos y entornos todav??a desconocidos, el susurro, el retumbar, el fragor... aportan una ancestral forma de zozobra que da paso a la premonici??n, un estar alerta. S??lo que yo creo que si el sonido es la individualidad aislada del cazador (y de la presa potencial), la m??sica es la colectividad, el sonido compartido; primero fue la banda, la orquesta, el grupo coral y luego el solista. Yo y nosotros.
Marius Schneider sosten??a que en las culturas que alcanzan cierto desarrollo lo auditivo cede la primac??a y disminuye en favor de lo visual. Desde luego, para los cazadores primitivos, si me dej??is llamarlos as??, el o??do es el sentido m??s importante. Por mi parte, los naturalistas m??s perspicaces que he conocido, sobre todo ornit??logos, discriminaban por el o??do mucho antes que yo, pobre sordo, por la vista. "O??go un camachuelo". "??D??nde?"
Por no hablar de la larga tradici??n de m??sicos ciegos, desde Homero a Ray Charles o Stevie Wonders. As?? convendremos con Elias Canetti que en La provincia del hombre dice ???El o??do, no el cerebro es la sede del esp??ritu". Y luego lleg?? Arist??teles con su desd??n hacia las culturas anteriores a la griega y arrebat?? al ser humano occidental el pensar ac??stico. A cambio, Europa le dio al mundo, como se??as de su propia identidad, la m??sica m??s exquisitamente elaborada de todas las civilizaciones y tiempos. Y tampoco olvidemos a Apolo, el dios m??sico, que en el templo de Delfos situaba el o??do divino en el centro del mundo. Y en el tratado escrito por el legendario Hermes Trismegisto se explica que aquel que escucha debe tener el o??do m??s veloz que la palabra del hablante. La inteligencia parte a menudo de una sensaci??n auditiva y es saber ante todo escuchar para asimilar, como dice el evangelista Marcos: ???qui??n tenga o??dos que oiga??? y no dice que quien tenga ojos mire. La sabidur??a humana se represent?? en su d??a como un muchacho con cuatro manos y cuatro orejas, sosteniendo en una de las manos una flauta y en la otra un tratado lleno de s??mbolos. Seguid a la escucha.
(Un grupo de hombres avanza hacia otro grupo de hombres. Suenan fanfarr??as, trompetas, atabales. Puede que se mezclen, que se abracen o que pasen de largo, pero si entonces unos y otros alzan banderas eso les da permiso para destrozarse. Los nacionalismos son mal asunto, siempre. Pero la m??sica une y advierte, mientras que la vista separa y se??ala).
Por no hablar de la larga tradici??n de m??sicos ciegos, desde Homero a Ray Charles o Stevie Wonders. As?? convendremos con Elias Canetti que en La provincia del hombre dice ???El o??do, no el cerebro es la sede del esp??ritu". Y luego lleg?? Arist??teles con su desd??n hacia las culturas anteriores a la griega y arrebat?? al ser humano occidental el pensar ac??stico. A cambio, Europa le dio al mundo, como se??as de su propia identidad, la m??sica m??s exquisitamente elaborada de todas las civilizaciones y tiempos. Y tampoco olvidemos a Apolo, el dios m??sico, que en el templo de Delfos situaba el o??do divino en el centro del mundo. Y en el tratado escrito por el legendario Hermes Trismegisto se explica que aquel que escucha debe tener el o??do m??s veloz que la palabra del hablante. La inteligencia parte a menudo de una sensaci??n auditiva y es saber ante todo escuchar para asimilar, como dice el evangelista Marcos: ???qui??n tenga o??dos que oiga??? y no dice que quien tenga ojos mire. La sabidur??a humana se represent?? en su d??a como un muchacho con cuatro manos y cuatro orejas, sosteniendo en una de las manos una flauta y en la otra un tratado lleno de s??mbolos. Seguid a la escucha.
(Un grupo de hombres avanza hacia otro grupo de hombres. Suenan fanfarr??as, trompetas, atabales. Puede que se mezclen, que se abracen o que pasen de largo, pero si entonces unos y otros alzan banderas eso les da permiso para destrozarse. Los nacionalismos son mal asunto, siempre. Pero la m??sica une y advierte, mientras que la vista separa y se??ala).


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