Para el P??rez
No era el primer panfleto que ve??a, ni siquiera que manipulaba. Yo hab??a contribuido a ???sembrar??? muchos (una forma habitual era colocarlos en la trasera de un coche y avanzar no muy r??pido mientras volaban, o desde una moto el 'paquete' los iba soltando), pero era la primera vez que alguien me daba uno expresamente en mano. Estaba editado primorosamente ???al contrario que los cutres manufacturados por las famosas ???vietnamitas??? y los ciclostiles??? sobre un delgado pero de calidad papel biblia. Era de UGT y el que me lo pas?? me hab??a estado observando d??as antes hasta comprobar que yo era un neto y fiable desafecto a ese r??gimen que estaba en el comienzo de su fin. Yo era el becario de investigaci??n en el CSIC m??s joven de Espa??a, seg??n la prensa, y el que me lo pas?? era un investigador consagrado mayor que yo. Jam??s he militado en un partido pol??tico, ni siquiera en la clandestinidad cuando los beneficios eran harto menores que los problemas, pero he sido compa??ero de viaje de muchos con tal de que fueran de izquierdas, y la raz??n es que sus esquemas doctrinales nunca encajaban con mi vaporosa y escasamente r??gida cultura de izquierdas. Una vez se me acerco un ???prochino???, es decir un marxista leninista mao??sta, y me acuerdo que le dije que los chinos de ahora no me interesaban tanto como los antiguos. Pero en cambio he pertenecido a dos sindicatos, el mencionado, hasta ayer mismo, y el de mis amores hoy pr??cticamente desaparecido, de la CNT. Tengo un enorme respeto a la inmensa mayor??a de los sindicalistas, son unos tipos formidables, al contrario que muchos, no s?? si la mayor??a, de los pol??ticos. Y me duele mucho su actual situaci??n o la pretensi??n de homologarlos en deshonestidad con dichos pol??ticos.
Mi coraz??n era rebelde y libertario, un anarquista sin bomba, porque creo que siempre he tenido claro que ciertos medios, como los violentos, jam??s justifican los fines por muy loables y elevados que sean. La utop??a ??crata me parece la m??s hermosa y la m??s inviable de las posibles, pero me parece tambi??n que de ella deriva el mejor marco ??tico para estar bien instalado en el mundo frente a la injusticia. As?? que, de forma ins??lita para la ??poca, cuando me ped??an compa??eros de algaradas que ???me definiera???, ???algo obsesivamente frecuente en esa ??poca???, si estaba de humor les respond??a que yo era socialdem??crata; "como los del PSOE", me preguntaban a continuaci??n, y yo respond??a: "??no!, como los suecos". Ahora, a mi izquierda y a mi derecha todos dicen ser socialdem??cratas, hay que ver. Yo siempre he querido ser socialdem??crata sueco de los setenta y ochenta, en alg??n post lo tengo escrito.
A Warren Buffet, el famoso inversor y especulador, un capitalista de libro, le preguntaron en una entrevista sobre la guerra de clases y contest?? que por supuesto que exist??a y que la estaban ganando los suyos. Estoy de acuerdo con ??l, pero espero que no sea para siempre.
La historia moderna de Suecia no deja lugar a dudas. Fueron los sindicatos y los socialdem??cratas los que crearon el Estado del bienestar m??s logrado del pasado siglo y de todos los tiempos. Hubo otros intentos, como el de Allende en Chile, rodeado por todas partes de izquierdistas, guevaristas y foquistas; y lo machacaron brutalmente, y no s??lo la derecha y los militares. Lo que en Escandinavia era conveniente por su proximidad al gran enemigo comunista de la URSS, mostrando un camino no autoritario, en Sudam??rica, puerta trasera de Estados Unidos, eso no pod??a ser tolerado. As?? que, suecos s??, pero chilenos no.
El ??xito sueco puede hacernos pensar err??neamente que se debe a un supuesto y morigerado car??cter nacional n??rdico, que viene de siempre, como el pelo rubio y los ojos azules. Nada m??s lejos de la verdad. A principios del siglo pasado, Suecia era un pa??s extremadamente pobre, de pocos recursos agrarios y clima extremo y nutr??a una abundante emigraci??n (ahora que es destino ambicionado por tantos emigrantes tercermundistas), sobre todo a Estados Unidos, donde sigue habiendo una numerosa poblaci??n de ese origen, sobre todo en algunos Estados del Centro y Este. Entonces Suecia era un Estado clasista y explotador. ??Qu?? motiv?? un cambio tan dr??stico y r??pido?, el esfuerzo proletario de muchas personas a las que nos les preocupaba tanto el encasillamiento ideol??gico como los logros de libertad y justicia social en el marco de una democracia: los socialdem??cratas y los sindicalistas.
Las ra??ces de la prosperidad sueca desde comienzos de la d??cada de 1960 estuvo en la tenacidad de las luchas obreras de principios de ese mismo siglo ???aunque casi todas inicialmente terminaron en derrotas???. El capital hab??a ido cediendo de mala gana (nunca regala nada) a las reivindicaciones obreras, aceptando ciertas reformas, entre ellas, aunque ahora nos parezca incre??ble, el derecho al voto, por prudencia o simple miedo a la revoluci??n rusa de 1917, atenuando el dominio casi esclavista de los grandes patronos que no hab??an dudado en utilizar al ej??rcito ante huelgas, como la famosa de Sundswall. Un ej??rcito que en 1931, hace bien poco, dispar?? contra una manifestaci??n obrera matando a cinco personas e hiriendo a muchas m??s en Adalen.
Todo esto desemboc?? en la gran victoria electoral de los socialdem??cratas, que les llev?? al gobierno en 1932. Aqu?? tambi??n ganaron los socialdem??cratas pocos a??os despu??s de desaparecer la dictadura franquista, pero lo importante, eso los sabemos ahora todos, no es ganar, sino qu?? se hace con la victoria: aqu?? mucho menos de lo que se pudo hacer, estoy convencido; en la Suecia, de 1932 en adelante hasta bien entrado los a??os setenta y ochenta, se aprovecharon esas victorias consecutivas de los socialdem??cratas para avanzar hacia un incre??ble capitalismo con rostro humano. Las palabras del gran Olof Palme lo explican muy bien: avanzaban sobre lo ya conseguido sucesivamente, sin pensar en una meta ya alcanzada, mejorando continuamente, con tenacidad, con un reformismo bien entendido desde el poder, sin marcha atr??s.
Aquel milagrosamente apacible proceso dur?? m??s de 40 a??os, hasta la derrota electoral de 1976. Un a??o en el que el conflicto con dos de los intelectuales socialistas m??s conspicuos evidenci?? que algo estaba cambiando. Por un lado, la famos??sima, Astrid Lindgren, la autora de esa ni??a libertaria que era Pip?? Calzaslargas; por otro, el no menos famoso director teatral y cinematogr??fico Ingmar Bergman. Ambos prestigiosos y antiguos militantes se enfrentaron a su propio partido. Aparentemente por el ego??sta asunto fiscal. Astrid Lindgren se vio obligada a pagar un impuesto del 102% de sus ingresos, lo que cont?? en un cuento que public?? Expressen, el diario vespertino mayoritario en el pa??s. El ministro de finanzas fue sorprendido ley??ndolo en su esca??o del parlamento. Inmediatamente interpelado por los periodistas coment?? con pretendida ocurrencia que Astrid ???sab??a contar cuentos pero no hacer cuentas???. La respuesta de la escritora fue magistral y acogida con carcajadas: ???es ??l [el ministro] el que ha aprendido a contar cuentos en tanto que de cuentas sabe lo justo, as?? que ser??a mejor que intercambi??semos nuestros trabajos???.
A Bergman la polic??a se lo llev?? de malas maneras en mitad de un ensayo teatral en el Teatro Nacional, para ser declarado despu??s inocente de delitos fiscales, pero el director, a continuaci??n, directamente se fue de Suecia, a la vez que se orquest?? una campa??a contra ??l. Lo cierto es que hay que recaudar a trav??s de los impuestos para redistribuir en el marco de un Estado del Bienestar, pero precisamente, esos incidentes se produjeron cuando el despilfarro empez?? a aflorar, junto con la prepotencia con la que aquel partido antes honroso trataba a sus militantes. ???Oh pura y ardorosa socialdemocracia de mi juventud, ??qu?? han hecho de ti???, fueron entonces las palabras de la Lindgren. A continuaci??n a Palme le asesinaron, como se sabe, en un asunto turbio en el que seguramente estuvo implicada la CIA norteamericana y probablemente los propios servicios secretos suecos. Fin de la historia.
Es curioso, recientemente he le??do cosas que cambian esta historia, el relato como ahora se dice, de forma que la derecha sueca que ahora gobierna y que poco a poco ha ido desmantelando los sistemas sociales y la pol??tica de acogida con los inmigrantes, se atribuye ahora todos los logros socialdem??cratas.
Es peligroso establecer paralelismos entre pa??ses y ??pocas y contextos distintos, pero yo no puedo evitar hacerlo en parte. Y reflexionar tambi??n sobre m?? mismo, cuando yo quer??a ser socialdem??crata sueco, estos estaban ya naufragando. La historia de mi vida: siempre llego tarde a casi todo, hasta a las derrotas. Nada de mi cari??o por Suecia de aquellos a??os tiene que ver con mi fogoso romance con una modelo sueca de ropa deportiva que me dej?? por un torero. Tampoco tiene nada que ver con que no me gusten los toros.
A Warren Buffet, el famoso inversor y especulador, un capitalista de libro, le preguntaron en una entrevista sobre la guerra de clases y contest?? que por supuesto que exist??a y que la estaban ganando los suyos. Estoy de acuerdo con ??l, pero espero que no sea para siempre.
La historia moderna de Suecia no deja lugar a dudas. Fueron los sindicatos y los socialdem??cratas los que crearon el Estado del bienestar m??s logrado del pasado siglo y de todos los tiempos. Hubo otros intentos, como el de Allende en Chile, rodeado por todas partes de izquierdistas, guevaristas y foquistas; y lo machacaron brutalmente, y no s??lo la derecha y los militares. Lo que en Escandinavia era conveniente por su proximidad al gran enemigo comunista de la URSS, mostrando un camino no autoritario, en Sudam??rica, puerta trasera de Estados Unidos, eso no pod??a ser tolerado. As?? que, suecos s??, pero chilenos no.
El ??xito sueco puede hacernos pensar err??neamente que se debe a un supuesto y morigerado car??cter nacional n??rdico, que viene de siempre, como el pelo rubio y los ojos azules. Nada m??s lejos de la verdad. A principios del siglo pasado, Suecia era un pa??s extremadamente pobre, de pocos recursos agrarios y clima extremo y nutr??a una abundante emigraci??n (ahora que es destino ambicionado por tantos emigrantes tercermundistas), sobre todo a Estados Unidos, donde sigue habiendo una numerosa poblaci??n de ese origen, sobre todo en algunos Estados del Centro y Este. Entonces Suecia era un Estado clasista y explotador. ??Qu?? motiv?? un cambio tan dr??stico y r??pido?, el esfuerzo proletario de muchas personas a las que nos les preocupaba tanto el encasillamiento ideol??gico como los logros de libertad y justicia social en el marco de una democracia: los socialdem??cratas y los sindicalistas.
Las ra??ces de la prosperidad sueca desde comienzos de la d??cada de 1960 estuvo en la tenacidad de las luchas obreras de principios de ese mismo siglo ???aunque casi todas inicialmente terminaron en derrotas???. El capital hab??a ido cediendo de mala gana (nunca regala nada) a las reivindicaciones obreras, aceptando ciertas reformas, entre ellas, aunque ahora nos parezca incre??ble, el derecho al voto, por prudencia o simple miedo a la revoluci??n rusa de 1917, atenuando el dominio casi esclavista de los grandes patronos que no hab??an dudado en utilizar al ej??rcito ante huelgas, como la famosa de Sundswall. Un ej??rcito que en 1931, hace bien poco, dispar?? contra una manifestaci??n obrera matando a cinco personas e hiriendo a muchas m??s en Adalen.
Todo esto desemboc?? en la gran victoria electoral de los socialdem??cratas, que les llev?? al gobierno en 1932. Aqu?? tambi??n ganaron los socialdem??cratas pocos a??os despu??s de desaparecer la dictadura franquista, pero lo importante, eso los sabemos ahora todos, no es ganar, sino qu?? se hace con la victoria: aqu?? mucho menos de lo que se pudo hacer, estoy convencido; en la Suecia, de 1932 en adelante hasta bien entrado los a??os setenta y ochenta, se aprovecharon esas victorias consecutivas de los socialdem??cratas para avanzar hacia un incre??ble capitalismo con rostro humano. Las palabras del gran Olof Palme lo explican muy bien: avanzaban sobre lo ya conseguido sucesivamente, sin pensar en una meta ya alcanzada, mejorando continuamente, con tenacidad, con un reformismo bien entendido desde el poder, sin marcha atr??s.
Aquel milagrosamente apacible proceso dur?? m??s de 40 a??os, hasta la derrota electoral de 1976. Un a??o en el que el conflicto con dos de los intelectuales socialistas m??s conspicuos evidenci?? que algo estaba cambiando. Por un lado, la famos??sima, Astrid Lindgren, la autora de esa ni??a libertaria que era Pip?? Calzaslargas; por otro, el no menos famoso director teatral y cinematogr??fico Ingmar Bergman. Ambos prestigiosos y antiguos militantes se enfrentaron a su propio partido. Aparentemente por el ego??sta asunto fiscal. Astrid Lindgren se vio obligada a pagar un impuesto del 102% de sus ingresos, lo que cont?? en un cuento que public?? Expressen, el diario vespertino mayoritario en el pa??s. El ministro de finanzas fue sorprendido ley??ndolo en su esca??o del parlamento. Inmediatamente interpelado por los periodistas coment?? con pretendida ocurrencia que Astrid ???sab??a contar cuentos pero no hacer cuentas???. La respuesta de la escritora fue magistral y acogida con carcajadas: ???es ??l [el ministro] el que ha aprendido a contar cuentos en tanto que de cuentas sabe lo justo, as?? que ser??a mejor que intercambi??semos nuestros trabajos???.
A Bergman la polic??a se lo llev?? de malas maneras en mitad de un ensayo teatral en el Teatro Nacional, para ser declarado despu??s inocente de delitos fiscales, pero el director, a continuaci??n, directamente se fue de Suecia, a la vez que se orquest?? una campa??a contra ??l. Lo cierto es que hay que recaudar a trav??s de los impuestos para redistribuir en el marco de un Estado del Bienestar, pero precisamente, esos incidentes se produjeron cuando el despilfarro empez?? a aflorar, junto con la prepotencia con la que aquel partido antes honroso trataba a sus militantes. ???Oh pura y ardorosa socialdemocracia de mi juventud, ??qu?? han hecho de ti???, fueron entonces las palabras de la Lindgren. A continuaci??n a Palme le asesinaron, como se sabe, en un asunto turbio en el que seguramente estuvo implicada la CIA norteamericana y probablemente los propios servicios secretos suecos. Fin de la historia.
Es curioso, recientemente he le??do cosas que cambian esta historia, el relato como ahora se dice, de forma que la derecha sueca que ahora gobierna y que poco a poco ha ido desmantelando los sistemas sociales y la pol??tica de acogida con los inmigrantes, se atribuye ahora todos los logros socialdem??cratas.
Es peligroso establecer paralelismos entre pa??ses y ??pocas y contextos distintos, pero yo no puedo evitar hacerlo en parte. Y reflexionar tambi??n sobre m?? mismo, cuando yo quer??a ser socialdem??crata sueco, estos estaban ya naufragando. La historia de mi vida: siempre llego tarde a casi todo, hasta a las derrotas. Nada de mi cari??o por Suecia de aquellos a??os tiene que ver con mi fogoso romance con una modelo sueca de ropa deportiva que me dej?? por un torero. Tampoco tiene nada que ver con que no me gusten los toros.



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